RESILIENCIA
Cuando no deseo ir a entrenar, aparecen varios pensamientos: que el lugar esta muy lejos, que ya es tarde, que las piernas me van a doler, que el cuerpo no quiere ni moverse. Es ahí cuando mis pensamientos entran en confrontación permanente y las palabras resuenan llenas de dolor. Solo quisiera quedarme encerrado. En esa disputa permanente, mi mente insiste en decirme: no puedes quedarte quieto, mira cuánto has logrado, cuánto has entrenado, cuánto has trabajado!!!! Acaso vas a abandonar por circunstancias que no puedes controlar? Puedes llorar un rato si lo necesitas, pero la vida sigue. No te puedes quedar acá sentado sin hacer nada, esperando no sentir el dolor. Grita por un rato y luego respira hondo, límpiate las lágrimas y sal, que la vida es bella.