EL DOLOR DE SENTIR
Lleva dos días sin salir de su habitación; duerme mal, apenas come y llora hasta el cansancio, mirando el techo infinito en medio de la oscuridad. Cada palabra es una navaja en la garganta, mientras los recuerdos golpean su memoria; sean alegres o tristes, todos terminan doliendo. No puede respirar; el pecho le oprime el corazón y solo quiere escapar de esa angustia fría. Las náuseas revuelven su estómago débil, que le suplica ya no más. Un escalofrío recorre su cuerpo pálido; sus dientes rechinan sin parar, y sus labios, resecos como tierra agrietada por la sequía. Solo quiere cerrar los ojos hinchados. Y, por fin, descansar.