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LA BULLA DE MIS RECUERDOS

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  La mañana del domingo está fría. Una taza de chocolate acompaña a mis pensamientos, que me llevan hacia ti. Veo tus ojos color marrón, tu sonrisa, tu piel canela, tu cabello rizado, que a mí me encanta. Veo todas nuestras vivencias, alegres y tristes, que pasamos juntos. La vida te juega de manera inesperada, y tomé el camino contrario, por una ruta lejana hacia el sur. En la bulla de mis recuerdos escuché el sonido del teléfono. Vi en la pantalla tu nombre; mi rostro se iluminó y te contesté como si nada me pasara. Hablamos por un buen tiempo; reíamos de las anécdotas que vivirán en nuestra memoria. Le dije: «Te quiero». Me respondió: «Lo sé, sabes que yo también». Cerré los ojos mientras escuchaba, entre lágrimas que rodaban por mis mejillas: «Hablamos luego, te cuidas». De esta manera, mi domingo 12 de julio de 2026 vivirá en mi memoria; por eso prefiero escribir para no olvidar.

EL SONIDO DEL TIEMPO

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  Me gusta el sonido del mar, porque me trae recuerdos que me niego a dejar a orillas del Pacífico y del Atlántico. Espero conocer otros mares, seguir escribiendo memorias, acompañado o en soledad. Mientras las olas y la brisa me susurran al oído viejas historias para no olvidar, cierro los ojos con felicidad. Y escribo las palabras del inevitable punto final.

SE FUE EL INDIO, QUEDO LA TRIBU

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La partida de Indio Solari es de esas noticias que muchos, miles, no queremos escuchar, porque duele en el alma y deja un vacío inmenso. Nos deja huérfanos en esta vida donde la única certeza es que la muerte siempre llega, muchas veces sin avisar. No solo se va un ícono del rock; se va un ser humano que defendió las causas justas, un artista que rompió fronteras y se convirtió en un fenómeno imposible de ignorar. Su voz nunca pudo ser callada. Sus recitales eran mágicos. Miles de almas coreaban sus canciones porque se transformaron en himnos para mí y para tantos otros. Sus letras trascendieron lo banal y encontraron un lugar permanente en nuestros corazones. Llegó a La Plata y se enamoró de ella y de Club de Gimnasia y Esgrima La Plata, del viejo Lobo querido del Bosque. Se convirtió en un tripero más. Sus canciones y sus palabras vivirán para siempre en mi memoria y en mi retina.  Tu voz se volvió eterna. Buen viaje, Indio. 

SU MENSAJE

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El sonido del celular rompió la calma del momento. El mensaje decía: “¿Nos podemos ver?”. Era él, después de tanto tiempo sin saber de su vida. Respondió: “Está bueno”. Una sonrisa brotó de sus labios, mientras los recuerdos llegaban uno tras otro, con la soledad del instante como testigo silencioso. La cita fue en el lugar de su primer beso, en aquella banca con vista al mar. Ella aparentaba calma, pero por dentro una corriente recorría su cuerpo y la hacía estremecer… hasta que lo vio acercarse, trayendo el pasado al encuentro del presente. Al llegar, ella le dijo: “No has cambiado nada”. Él sonrió, se sentó a su lado y respondió: “Tu mirada es la misma, llena de ternura a pesar de la tormenta”. Hablaron de los momentos compartidos y de sus vidas después del adiós que dejó tantos vacíos. Ambos sabían que había llegado la hora de aclarar lo que había quedado pendiente. Él no justificó su error y ella no le reclamó. No pidió explicaciones; ya no tenían sentido, a pesar de que un dolor ...

EL DOLOR DE SENTIR

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Lleva dos días sin salir de su habitación; duerme mal, apenas come y llora hasta el cansancio, mirando el techo infinito en medio de la oscuridad. Cada palabra es una navaja en la garganta, mientras los recuerdos golpean su memoria; sean alegres o tristes, todos terminan doliendo. No puede respirar; el pecho le oprime el corazón y solo quiere escapar de esa angustia fría. Las náuseas revuelven su estómago débil, que le suplica descanso. Un escalofrío recorre su cuerpo pálido; sus dientes rechinan sin parar y sus labios, resecos como tierra agrietada por la sequía, apenas logran cerrarse. Solo quiere cerrar los ojos hinchados. Y, por fin, descansar.

CITAS SIN LEER

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  ​La cena se enfriaba. Su mirada es triste. El aire se sentía espeso; las palabras arañaban la garganta; solo los sorbos del té ardiente disimulaban la angustia. ​En su mente veía las imágenes del primer encuentro: la primera mirada, la primera sonrisa y la primera palabra que cruzaron en medio del pasillo de grandes pinturas y paredes blancas, donde el tiempo se detuvo para ellos. ​A su memoria seguían llegando más recuerdos: risas, silencios, viajes, festivales, comidas de muchos lugares, bailes, conciertos, copas de vino, cervezas y aquellas lecturas antes de dormir. ​Tomó valor y, rompiendo el silencio hiriente, le dijo: «Esta es nuestra última cena… es mejor separarnos». Esa noche se creó una frontera entre ellos; era la primera vez que dormían tan cerca y tan lejos a la vez. ​Desde ese momento, los libros no se abrieron; no volvieron a marcar sus citas favoritas.

ENTRE LA LLUVIA Y EL DESTINO

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Una noche de lluvia incesante, el viento frío golpeaba su cuerpo. A lo lejos vio las luces del autobús, que anunciaban su llegada para convertirse en refugio ante la tempestad. Mientras avanzaba, observaba cómo el agua cubría las calles y algunas ramas de los árboles cedían ante la furia del viento. Llegó a su parada y caminó tranquilo, disfrutando de la lluvia en cada paso. Al ingresar al edificio, sus miradas se cruzaron; en ese instante, el tiempo pareció detenerse para ambos. El timbre del ascensor los devolvió de golpe a la realidad y, con una sonrisa tímida, se despidieron. No dejaba de pensar en sus ojos tiernos y se preguntaba: «¿Nos volveremos a ver?». De pronto llamaron a su puerta; era el vecino, que lo invitaba a celebrar su cumpleaños con unos amigos. Al entrar, se encontraron de nuevo en un ambiente lleno de música y alegría; bailaron y conversaron como si ya se conocieran, entre risas y halagos, acompañados por una copa de vino. La noche continuaba su curso. El brillo de...