RESILIENCIA
Cuando no deseo ir a entrenar, aparecen varios pensamientos: que el lugar está muy lejos, que ya es tarde, que las piernas me van a doler, que el cuerpo no quiere ni moverse. Es ahí cuando mis pensamientos entran en una confrontación permanente y las palabras resuenan llenas de dolor. Solo quisiera quedarme encerrado. En esa disputa constante, mi mente insiste en decirme: “No puedes quedarte quieto. Mira cuánto has logrado, cuánto has entrenado, cuánto has trabajado. ¿Acaso vas a abandonar por circunstancias que no puedes controlar?”. Puedes llorar un rato si lo necesitas, pero la vida sigue. No te puedes quedar acá sentado sin hacer nada, esperando no sentir el dolor. Grita por un momento y luego respira hondo, límpiate las lágrimas y sal, porque la vida es bella.