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Mostrando las entradas de marzo, 2026

EL DOLOR DE SENTIR

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Lleva dos días sin salir de su habitación; duerme mal, apenas come y llora hasta el cansancio, mirando el techo infinito en medio de la oscuridad. Cada palabra es una navaja en la garganta, mientras los recuerdos golpean su memoria; sean alegres o tristes, todos terminan doliendo. No puede respirar; el pecho le oprime el corazón y solo quiere escapar de esa angustia fría. Las náuseas revuelven su estómago débil, que le suplica ya no más. Un escalofrío recorre su cuerpo pálido; sus dientes rechinan sin parar, y sus labios, resecos como tierra agrietada por la sequía. Solo quiere cerrar los ojos hinchados.  Y, por fin, descansar.

CITAS SIN LEER

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  ​La cena se enfriaba. Su mirada era triste. El aire se sentía espeso; las palabras arañaban la garganta; solo los sorbos del té ardiente disimulaban la angustia. ​En su mente veía las imágenes del primer encuentro: la primera mirada, la primera sonrisa y la primera palabra que cruzaron en medio del pasillo de grandes pinturas y paredes blancas, donde el tiempo se detuvo para ellos. ​A su memoria seguían llegando más recuerdos: risas, silencios, viajes, festivales, comidas de muchos lugares, bailes, conciertos, copas de vino, cervezas y aquellas lecturas antes de dormir. ​Tomó valor y, rompiendo el silencio hiriente, le dijo: «Esta es nuestra última cena… es mejor separarnos». Esa noche se creó una frontera entre ellos; era la primera vez que dormían tan cerca y tan lejos a la vez. ​Desde ese momento, los libros no se abrieron; no volvieron a marcar sus citas favoritas.

ENTRE LA LLUVIA Y EL DESTINO

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Una noche de lluvia incesante, el viento frío golpeaba su cuerpo. A lo lejos vio las luces del autobús que anunciaban su llegada para convertirse en su refugio ante la tempestad. Mientras avanzaba, veía que el agua cubría las calles y algunas ramas de los árboles caían por la furia del viento. Llegó a su parada y caminó tranquilo, disfrutando de la lluvia en cada paso. Al ingresar al edificio, se cruzaron sus miradas; en ese instante el tiempo pareció detenerse para ambos. El timbre del ascensor los regresó de golpe a la realidad y, con una sonrisa tímida, se despidieron.   No dejaba de pensar en sus ojos tiernos y se preguntaba: “¿Nos volveremos a ver?” De pronto llamaron a su puerta; era el vecino que lo invitaba a celebrar su cumpleaños con unos amigos. Al entrar, se encontraron de nuevo en un ambiente lleno de música y alegría; bailaron, conversaron como si ya se conocieran entre risas y halagos acompañados por una copa de vino. La noche continuaba su curso. El brillo de s...

ROMPIENDO EL SILENCIO

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  Le escribió para volverse a ver; ella respondió: “Está bueno”. Su rostro se iluminó. No podía ocultar la felicidad mientras sonaba la música de ellos dos. Llegó el día del encuentro; la vio sentada en el lugar de siempre, frente al mar. Estaba nervioso: sus manos sudaban y el miedo se apoderaba de su cuerpo. El corazón le latía como si fuera a salirse del pecho ante la certeza de que ya no podían estar juntos. Quiso dar media vuelta e irse, pero esta vez no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad, después de tantas ocasiones fallidas. Caminó hacia donde estaba ella. Se saludaron, charlaron de tantas cosas; se tomaron de las manos de vez en cuando. Rieron de lo vivido juntos y de las nuevas historias tras la separación. En esta ocasión no hubo reclamos ni justificaciones absurdas sobre quién tenía la culpa, ni reproches por el inmenso sufrimiento de perderse el uno al otro. Cuando el sol se ocultaba y la noche llegaba, comprendieron que el atardecer volvía a abrazarlos, anun...