PÉTALOS MARCHITOS
Tomó asiento para oír los versos frente al escenario, observar los gestos sutiles en cada palabra y contemplar cómo la luz bañaba su figura. Luego, conversaron sobre sus recuerdos durante toda la noche. Mientras sonaba una música suave, una atmósfera romántica acariciaba el lugar; afuera, las lámparas iluminaban las calles ya solitarias de la madrugada. El frío, la oscuridad y aquella flor de pétalos marchitos los acompañaron como testigos del encuentro. El amanecer avanzaba, dictando el fin de aquel sueño adolescente. Sus ojos soltaron lágrimas que opacaban su mirada; las manos entrelazadas se negaban a soltarse, como si suplicaran que la noche fuera eterna. Pero la realidad era inevitable: aquel amor no podía ser. Un beso y un abrazo sellaron la despedida de dos seres que se entregaron al destino, esperando que la vida los volviera a encontrar..