APAGARON SU VOZ UN 17 DE FEBRERO DE 1.999


Vio a Jaime Hurtado González por primera vez cuando era niño y no se olvida de aquel día. Caminaba por una calle de veredas angostas cuando lo observó: tan sencillo, tan humilde, tan solidario, luciendo una sonrisa que alentaba a creer que otro mundo es posible.

No olvida el día en que lo asesinaron las balas criminales de la burguesía.

No olvida cuánto lo lloró.

No olvida el día anterior a su asesinato, cuando pidió la palabra en el Congreso Nacional del Ecuador:

—«Quiero hablar hoy y no mañana, señorita presidenta»—, se refería a Tina Tacury, presidenta encargada.

No puede olvidar su muerte: la piel se le erizó y las lágrimas rodaron por sus mejillas como gotas de lluvia, sin parar.

No puede olvidar haber escuchado: «Por fin mataron al negro comunista», ni puede comprender tanto odio.

Ese día caminó por las calles con el alma desolada. En la sede política se encontró con sus pares; lloraron, se abrazaron sin conocerse, hermanados por el mismo sentimiento. Al poco rato partió, acompañado de su tristeza, mordiéndose los labios de tanta rabia e impotencia.
Como un autómata, entró a sus clases: su cuerpo estaba en la banca, pero su pensamiento estaba con Jaime.

Fue el primer candidato afrodescendiente a la presidencia del Ecuador, luchó sin descanso por los obreros, maestros, amas de casa y empleados; por la educación gratuita y la salud para todos.

No olvidó su militancia activa en defensa de los derechos humanos.

Él decidió seguir el ejemplo de Jaime Hurtado González, porque fue y será pueblo, en busca de una Patria Nueva porque no es un recuerdo: es una tarea pendiente.

Comentarios

  1. Un excelente ser humano, como se le describe en el presente documento, alguien calló la voz a un verdadero líder, lamentablemente es un crimen decir la verdad en este país.

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