El dolor no es eterno, el problema es llegar al momento en que las agujas del reloj marquen los 40 segundos del final de una vida. Se puede sonreír por fuera, pero mientras que por dentro la angustia estruja el corazón y la cabeza da vueltas de tanto pensar. Se puede desaparecer días o semanas enteras con el mismo dolor, encerrarse en la habitación oscura, con la soledad fría como su única compañera sin que nadie lo perciba. Se pueden detener los mensajes y las llamadas pueden silenciarse para no oír el ruido de la vida cotidiana. Se puede querer hablar por un largo tiempo, que su voz sea escuchada y la empatia sea un abrazo de esperanza para salir de ese sueño amargo. Por favor, despierta antes de que sea demasiado tarde porque cuando esa vida ya pase el hilo final de la historia, ya será parte de esos 40 segundos que marcan las agujas del reloj. Y nada será suficiente ⌚️
Cuando no deseo ir a entrenar, aparecen varios pensamientos: que el lugar esta muy lejos, que ya es tarde, que las piernas me van a doler, que el cuerpo no quiere ni moverse. Es ahí cuando mis pensamientos entran en confrontación permanente y las palabras resuenan llenas de dolor. Solo quisiera quedarme encerrado. En esa disputa permanente, mi mente insiste en decirme: no puedes quedarte quieto, mira cuánto has logrado, cuánto has entrenado, cuánto has trabajado!!!! Acaso vas a abandonar por circunstancias que no puedes controlar? Puedes llorar un rato si lo necesitas, pero la vida sigue. No te puedes quedar acá sentado sin hacer nada, esperando no sentir el dolor. Grita por un rato y luego respira hondo, límpiate las lágrimas y sal, que la vida es bella.
Los lugares desde donde escribo son muy diversos. Algunos están llenos de emociones; otros, de recuerdos alegres o también tristes. En fin, son experiencias, anécdotas, observaciones o ideas surgidas de la imaginación las que hacen que me siente a escribir. No importa el lugar: puede ser una sala de espera en un hospital, la banca de un parque, acostado en mi cama o sentado en el patio de mi casa; en la oficina, viajando, acompañado del verde de las montañas o de la brisa del mar, entre lágrimas o risas. No importa el lugar cuando todo se convierte en cómplice de cada texto. Algunas ideas salieron tan rápido que las escribí sentado en la taza del baño, y no lo puedo negar: cuando terminaba de escribir, se me había olvidado el motivo de mi visita al baño. Me digo: “No puede ser, otra vez”, pero lo importante es no dejar pasar el momento de plasmar letras que luego quedo leyendo una y otra vez. A veces mis pensamientos quedan plasmados en las hojas de una agenda y no todos los text...
Terrible, pero muy cierto
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