AMARGO ADIÓS


En algunas ocasiones se parte de un lugar y solo se continúa el camino trazado. En otras, simplemente se improvisa la ruta.

Al partir, nunca piensas en lo que dejas atrás. Crees volver pronto a los afectos, a las metas y a las rutinas, mezclando sentimientos y proyectos. Al iniciar el camino no se ve el cemento, solo se ve lo vivido.

Y un día encuentras a esa persona especial para jurarle amor eterno, sin importar dejarlo todo para comenzar de cero. Recuerda ahora el día a día con quien recorrió de su mano la orilla del mar, despertó amaneceres y caminó atardeceres; cenas con copas de vino, rabias, enojos, risas, miradas y lunas nuevas.

Hasta que el día amargo llegó y se terminó para siempre lo que ellos llamaban amor. Llegó el momento de la partida: con lágrimas en los ojos y con un abrazo tan eterno como momentáneo, los cuerpos se fundieron. Ya no había vuelta atrás, y se alejó en un día de otoño mientras sus dedos se separaban, anunciando un amargo adiós.

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