SUEÑOS
En 1990 se jugaba el Mundial de Fútbol en Italia.
Ellos tenían seis años y, con los pies descalzos, recorrían calles de tierra y piedras. Cursaban el primer grado de escuela, pero ya conocían a Argentina: conocían a Diego Armando Maradona.
Ya sabían de su pecho inflado, de que jugaba sin miedo y hasta con un tobillo inflamado. Todos querían ser el D10S en las canchas de tierra y piedras, porque sabían que Maradona era uno de ellos: que salió de un barrio pobre soñando con comprarle una casa a su mamá, jugar un Mundial y ganarlo. Y lo logró: ganó una Copa del Mundo y cumplió sus sueños.
Maradona los motivaba a salir adelante, a estudiar, a querer dejar de ser pobres, a querer ponerse zapatos; en fin, a soñar mientras pateaban el balón de trapo hacia el arco de piedras.
Maradona era fuente de inspiración: demostraba que se puede, que no hay que agachar la cabeza y que se puede decir lo que se piensa sin temor. La mayoría de ellos no pudo cumplir sus sueños: las condiciones de vida en un barrio marginado, la falta de políticas públicas, el abandono del Estado, dejar los estudios, migrar o morir temprano.
Uno de ellos recibió un mensaje de texto: “Murió Maradona”. Esperaba que fuera mentira, pero la noticia ya estaba en todos los medios y redes sociales. Su rostro triste y angustiado tomó una palidez mortal.
Nunca pudo comprender ese vacío en cuerpo y alma si nunca había conocido al Diego en persona. ¿Cómo volar hasta su funeral estando tan cerca y tan lejos a la vez? ¿Cómo pudieron correr lágrimas por sus mejillas?
Diego, tan mortal como humano. Un dios pagano, un hijo del Olimpo. Diego, que nunca olvidó que venía de la villa, de los márgenes, de los excluidos de la sociedad.
Diego diciendo no al ALCA.
Diego abrazando a las Abuelas de Plaza de Mayo y a las Madres de Plaza de Mayo.
Diego pidiendo por una Palestina libre.
Diego diciendo no a las políticas neoliberales.
Diego enfrentando a la mafia de la FIFA.
Diego representando esperanza para todos los pibes de pies descalzos del planeta.

Te pasaste bro te pasaste
ResponderBorrarQue lindo parce, seguí así pues, bendiciones
ResponderBorrarExcelente artículo
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