ENTRE LUGARES Y LETRAS

 

Los lugares desde donde escribo son muy diversos. Algunos están llenos de emociones; otros, de recuerdos alegres o también tristes. En fin, son experiencias, anécdotas, observaciones o ideas surgidas de la imaginación las que hacen que me siente a escribir.

No importa el lugar: puede ser una sala de espera en un hospital, la banca de un parque, acostado en mi cama o sentado en el patio de mi casa; en la oficina, viajando, acompañado del verde de las montañas o de la brisa del mar, entre lágrimas o risas. No importa el lugar cuando todo se convierte en cómplice de cada texto.

Algunas ideas salieron tan rápido que las escribí sentado en la taza del baño, y no lo puedo negar: cuando terminaba de escribir, se me había olvidado el motivo de mi visita al baño. Me digo: “No puede ser, otra vez”, pero lo importante es no dejar pasar el momento de plasmar letras que luego quedo leyendo una y otra vez.

A veces mis pensamientos quedan plasmados en las hojas de una agenda y no todos los textos llegan a publicarse. Otras ideas solo las escribo y luego las quemo, cual conjuro sanador. Algunos textos los apunto en el bloc de notas del teléfono, como ayuda memoria en los capítulos de la vida.

Y todo le parece decir: “Sigue escribiendo, sigue viviendo”.

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