SU MENSAJE



El sonido del celular rompió la calma del momento. El mensaje decía: “¿Nos podemos ver?”. Era él, después de tanto tiempo sin saber de su vida.

Respondió: “Está bueno”. Una sonrisa brotó de sus labios, mientras los recuerdos llegaban uno tras otro, con la soledad del instante como testigo silencioso.

La cita fue en el lugar de su primer beso, en aquella banca con vista al mar. Ella aparentaba calma, pero por dentro una corriente recorría su cuerpo y la hacía estremecer… hasta que lo vio acercarse, trayendo el pasado al encuentro del presente.

Al llegar, ella le dijo: “No has cambiado nada”. Él sonrió, se sentó a su lado y respondió: “Tu mirada es la misma, llena de ternura a pesar de la tormenta”.

Hablaron de los momentos compartidos y de sus vidas después del adiós que dejó tantos vacíos. Ambos sabían que había llegado la hora de aclarar lo que había quedado pendiente.

Él no justificó su error y ella no le reclamó. No pidió explicaciones; ya no tenían sentido, a pesar de que un dolor ardiente le quemaba el corazón, como si quisiera salirse de su pecho.

Él confesó que, durante todo ese tiempo, la había llevado en sus pensamientos; ella sintió lo mismo. El atardecer llegaba lentamente, como el final de su reencuentro.

Se fundieron en un abrazo. Sus manos, entrelazadas, se negaban a separarse y, de pronto, como un fantasma surgido de la nada, llegó el taxi que volvió a separarlos.

El carro tomó su marcha. Ella miró hacia atrás, y él seguía ahí, quieto. La oscuridad de la noche lo envolvía, mientras en la radio sonaba la canción que había sido su himno de amor.

Afuera, las olas rompían una tras otra, como anunciando un nuevo comienzo.

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