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ROMPIENDO EL SILENCIO

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  Le escribió para volverse a ver; ella respondió: “Está bueno”. Su rostro se iluminó. No podía ocultar la felicidad mientras sonaba la música de ellos dos. Llegó el día del encuentro; la vio sentada en el lugar de siempre, frente al mar. Estaba nervioso: sus manos sudaban y el miedo se apoderaba de su cuerpo. El corazón le latía como si fuera a salirse del pecho ante la certeza de que ya no podían estar juntos. Quiso dar media vuelta e irse, pero esta vez no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad, después de tantas ocasiones fallidas. Caminó hacia donde estaba ella. Se saludaron, charlaron de tantas cosas; se tomaron de las manos de vez en cuando. Rieron de lo vivido juntos y de las nuevas historias tras la separación. En esta ocasión no hubo reclamos ni justificaciones absurdas sobre quién tenía la culpa, ni reproches por el inmenso sufrimiento de perderse el uno al otro. Cuando el sol se ocultaba y la noche llegaba, comprendieron que el atardecer volvía a abrazarlos, anun...

ENTRE LUGARES Y LETRAS

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  Los lugares desde donde escribo son muy diversos. Algunos están llenos de emociones; otros, de recuerdos alegres o también tristes. En fin, son experiencias, anécdotas, observaciones o ideas surgidas de la imaginación las que hacen que me siente a escribir. No importa el lugar: puede ser una sala de espera en un hospital, la banca de un parque, acostado en mi cama o sentado en el patio de mi casa; en la oficina, viajando, acompañado del verde de las montañas o de la brisa del mar, entre lágrimas o risas. No importa el lugar cuando todo se convierte en cómplice de cada texto. Algunas ideas salieron tan rápido que las escribí sentado en la taza del baño, y no lo puedo negar: cuando terminaba de escribir, se me había olvidado el motivo de mi visita al baño. Me digo: “No puede ser, otra vez”, pero lo importante es no dejar pasar el momento de plasmar letras que luego quedo leyendo una y otra vez. A veces mis pensamientos quedan plasmados en las hojas de una agenda y no todos los text...

AROMA DEL RECUERDO

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Es de madrugada, no consigue dormir y revive los recuerdos de la infancia en la casa de bahareque: la cocina de leña, con sus ollas de barro; el mote con queso, el chocolate, la sopa de arroz con cebada, la haba cocinada, el cuy con papas y más delicias que no olvida su paladar. No le faltaban las botas que lo acompañaban al río, donde veía a los peces nadar en contra de la corriente. Recorría las montañas, los senderos, los caminos de barro y los sembríos de maíz; veía pastar el ganado y montaba a caballo. Cuando ordeñaban las vacas, estaba pendiente con su jarro en mano para ser el primero en tomar la leche. La espuma le formaba una especie de bigote e imaginaba que ya era grande; su risa contagiaba a los demás. Por las noches se sentaba en el portal a contemplar la luna y las estrellas, que contaba una y otra vez. Escuchaba el sonido de los animales nocturnos y el calor de una fogata lo abrigaba. La neblina le hacía imaginar que estaba en el cielo, caminando en medio de las nubes. N...

SENTIRES DUALES

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Llegan momentos donde los recuerdos tiernos alivian mi corazón. La imagen de tu sonrisa con un ceño fruncido me cautivó; tu ojos cafés me envolvieron sin poder dejar de mirarlos; tu cabello negro azabache me enredo con su brillo; tus pasos eran la brisa suave que refrescaba el ambiente. Llegamos a compartir muchas historias entre risas, momentos tristes, viajes y locuras bonitas. Ahora solo te veo de vez en cuando y solo las imágenes de lo vivido envuelven mi pensamiento. No olvido la cachetada en el día que nos separamos, no olvido ni el último beso; no olvido nuestras lágrimas ni olvido el último abrazo de despedida de un amor que lastimé. 

TE PIENSO

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No puedo negar que te pienso, no puedo negar que te veo en imágenes del recuerdo y del presente, no puedo negar que te escribo en notas que no comparto, no puedo negar que leo tus líneas y sonrío. No puedo negar que te escucho con atención cada palabra que sale de ti, no puedo negar que cuando ríes el ambiente se transforma, no puedo negar que tu silencio llena un espacio de armonía. No puedo negar que vives en mis pensamientos, no puedo negar que te siento cerca y lejos al mismo tiempo, no puedo negar que las pláticas contigo son eternas, aunque hablemos poco. No puedo negar que me haces sonreír, no puedo negar que también entiendo que no me atrevo a sentir el cálido abrazo de un amanecer contigo.

NO SÉ

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No sé cuándo te empecé a querer tanto. No sé por qué te empecé a querer. No sé si fue tu mirada firme. No sé si fue tu voz cálida. No sé si fue tu sonrisa.  No sé si fue tu determinación. No sé si fue tu porte. No sé si fue tu don de persona.  No sé si fue tu optimismo sin límites.  No sé si fue tu personalidad diferente.  No sé si fuiste tú quien supo hacerse querer, o simplemente fui yo que, sin saberlo, cada día que pasa te quiero y no lo puedo negar. Es una forma de decirte lo que mantengo en silencio mientras te escucho hablar o leo tus líneas al ritmo del sonido de mi corazón.

ÉL

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  Camina lento por una calle de barro espeso y frío, una vía olvidada por un tiempo que no perdona. Sus pasos dejan huellas, unas más profundas que otras, pero todas cargadas de historia: alegrías, riñas, sueños cumplidos y aquellos que se deshicieron en el camino. Los años le surcan el rostro, aunque su expresión conserva una firmeza inquebrantable. Solo quienes lo conocen de verdad lo han visto sonreír o, en raras ocasiones, reír a carcajadas con una dulzura que todavía abraza la piel. Dicen que tiene hijos y nietos a los que no ve desde hace años, a pesar de que respiran el aire de la misma ciudad. La vida le cobra factura cada día: su memoria se vuelve frágil y sus relatos son un vaivén de sombras y luces que se mezclan en una misma voz. Se encuentra solo. Dicen que es por su mal carácter, pero en el fondo todos saben que no deberían abandonarlo. Al fin y al cabo, todos transitamos el mismo barro; todos vamos hacia la vejez.