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POSTA

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El atletismo, como se lo conoce hoy, es una disciplina practicada desde la antigüedad. En el caso del Ecuador, los chasquis eran los encargados de llevar mensajes de un lugar a otro. Estos personajes recorrían un tramo de distancia y luego eran relevados por otros compañeros que continuaban el trayecto. A esos lugares de descanso y relevo se los llamaba tambos. Pero mucho antes, en Grecia nació la maratón. Los dioses del Olimpo disfrutaban observando a los mortales competir en sus juegos. En la actualidad, deportistas de más de 30 años compiten en las diferentes pruebas del atletismo. Algunos practicaron esta actividad en la escuela, en el colegio o durante toda su vida, convirtiéndola en pasión, amor y disciplina en cada entrenamiento. Se reúnen para competir en diferentes provincias del Ecuador, con el objetivo de cumplir sus metas personales o grupales. Es una competencia muy sana, llena de camaradería. Y no faltan los retos con ellos mismos o con otros deportistas: el rival a vence...

SOLEDAD

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Virgilio, en su obra La Eneida, nos cuenta sobre el reino de Hesperia, la actual Italia. Allí gobernaba Mezencio, un rey muy cruel, capaz de atar a los vivos con los muertos. Así los dejaba perecer en un lento abrazo frío y eterno, acompañado de una soledad desesperante.

FIN DEL CAMINO

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  Se encontraron en el parque para verse por última vez. Las lágrimas rodaban por su mejilla como el agua de un río que corre hasta el mar y pierde su dulzura. Solo quiere llegar a su casa, descansar de un día agitado y dormir para aliviar su tristeza. La maldita alarma suena y lo despierta de golpe a su cruda realidad. Sale a caminar por el bosque durante todo el día, hasta que la noche llega acompañada de estrellas indiferentes que iluminan el paisaje sombrío y el frío húmedo que traspasa su ropa. El viento mueve los árboles de un lado a otro, y el sonido de las aves nocturnas estremece su cuerpo, que tiembla tras cada paso; así llega al final del bosque espeso y oscuro. Llega hasta el río, se sumerge en su profundidad y su vida se apaga como los planetas ante un agujero negro, en un silencio y una oscuridad eternos.

EL DUENDE

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  En la curva se encuentra un pequeño bosque que posee una extraña mezcla de árboles jóvenes y viejos, custodiados por una lámpara antigua cuya luz es insuficiente ante la espesa niebla que predomina en la noche. Cuando se acerca la medianoche, los perros comienzan a aullar y ladran furiosos, como si presintieran algo sobrenatural que solo ellos pueden ver en medio de la oscuridad fría y nublada. El viento azota las ramas de los árboles con manos violentas sobre los techos, y el frío húmedo penetra la ropa hasta llegar a la médula. Cuentan los vecinos que en el bosque habita un duende que busca personas para llevárselas a un mundo desconocido. Se vale del engaño, ofreciendo monedas de oro cuyo brillo, en medio de la penumbra, es la trampa perfecta para el curioso o el codicioso. Dicen que el duende resultó ser pelotero; de vez en cuando lo han visto jugando. Sus únicos espectadores son los perros, cuyos ladridos y aullidos estremecen el lugar. Cuando falla un gol, el silencio es ta...

NOSTALGIA

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  Las viejas casas de caña y tabla. De las plantas de almendra colgaban hamacas para refrescarse del calor o, simplemente, tomar una siesta. Los niños jugaban en las veredas y en las calles de tierra, con las patas al suelo, mientras el paisaje se perdía lentamente en la cotidianidad del barrio. Pero luego, las casas viejas fueron reemplazadas por cemento, hierro, ladrillo y bloque. Las veredas quedaron sobre el nivel de la calle, ya no por una cuestión estética, sino para que el agua de la lluvia no ingresara a las casas. La naturaleza no tiene control. En ocasiones, el barrio sufrió inundaciones y el agua llegaba hasta las rodillas. Los más pequeños imaginaban encontrarse en medio de una piscina. O mejor aún, creían estar en el mar viendo pasar ballenas, peces, delfines, tiburones y, por qué no, sirenas. Niños y adolescentes caminaban sin zapatos por las calles, ya de tierra, ya de cemento, jugando entre ellos para escapar de su triste realidad. A pesar de ello, el barrio era sol...

AMARGO ADIÓS

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En algunas ocasiones se parte de un lugar y solo se continúa el camino trazado. En otras, simplemente se improvisa la ruta. Al partir, nunca piensas en lo que dejas atrás. Crees volver pronto a los afectos, a las metas y a las rutinas, mezclando sentimientos y proyectos. Al iniciar el camino no se ve el cemento, solo se ve lo vivido. Y un día encuentras a esa persona especial para jurarle amor eterno, sin importar dejarlo todo para comenzar de cero. Recuerda ahora el día a día con quien recorrió de su mano la orilla del mar, despertó amaneceres y caminó atardeceres; cenas con copas de vino, rabias, enojos, risas, miradas y lunas nuevas. Hasta que el día amargo llegó y se terminó para siempre lo que ellos llamaban amor. Llegó el momento de la partida: con lágrimas en los ojos y con un abrazo tan eterno como momentáneo, los cuerpos se fundieron. Ya no había vuelta atrás, y se alejó en un día de otoño mientras sus dedos se separaban, anunciando un amargo adiós.

APAGARON SU VOZ UN 17 DE FEBRERO DE 1.999

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Vio a Jaime Hurtado González por primera vez cuando era niño y no olvida aquel día. Caminaba por una calle de veredas angostas cuando lo observó: tan sencillo, tan humilde, tan solidario, luciendo una sonrisa que alentaba a creer que otro mundo es posible. No olvida el día en que lo asesinaron las balas criminales de la burguesía. No olvida cuánto lo lloró. No olvida el día anterior a su asesinato, cuando pidió la palabra en el Congreso Nacional del Ecuador: —Quiero hablar hoy y no mañana, señorita presidenta—, se refería a Tina Tacury, presidenta encargada. No puede olvidar su muerte: la piel se le erizó y las lágrimas rodaron por sus mejillas como gotas de lluvia, sin parar. No puede olvidar haber escuchado: “Por fin mataron al negro comunista”, ni puede comprender tanto odio. Ese día caminó por las calles con el alma desolada. En la sede política se encontró con sus pares; lloraron y se abrazaron sin conocerse, hermanados por el mismo sentimiento. Al poco rato partió, acompañado de ...